Reflexión personal sobre CTS y patentes
Al leer las entradas sobre patentes dentro del marco CTS, lo que más me ha llamado la atención no ha sido tanto el procedimiento legal o los requisitos formales, sino la tensión constante entre conocimiento, propiedad y sociedad. La idea de que una patente es, en el fondo, un título de propiedad sobre una idea me resulta especialmente inquietante cuando se saca del plano abstracto y se mira desde casos reales.
Los ejemplos de patentes en biología —como el caso Myriad y la patentabilidad de genes— muestran con mucha claridad que no todo lo técnicamente patentable es socialmente aceptable. Ahí la pregunta ya no es si algo es nuevo o inventivo, sino si debería poder apropiarse. Me parece interesante que el sistema haya necesitado un choque tan fuerte (anular cientos de patentes ya concedidas) para redefinir sus propios límites.
Desde mi disciplina, antenas y sistemas electromagnéticos, a primera vista parece que estos dilemas están muy lejos. Diseñar una antena, un sensor o una metasuperficie suena a “ferretería tecnológica”, como se comenta en el texto, algo neutro y sin implicaciones morales claras. Pero cuanto más lo pienso, menos convencido estoy de esa neutralidad. Las metasuperficies, por ejemplo, no son solo estructuras pasivas elegantes desde el punto de vista electromagnético: permiten controlar, dirigir y optimizar la propagación de ondas de formas que hace unos años no eran posibles. Eso tiene aplicaciones directas en comunicaciones, radares, vigilancia o defensa.
En ese contexto, patentar no es solo proteger una solución técnica concreta, sino condicionar quién puede investigar, fabricar o mejorar ciertas tecnologías clave. Aunque no estemos hablando de genes o de vida, sí hablamos de infraestructuras de comunicación y control que afectan directamente a la sociedad. La frontera entre innovación legítima y bloqueo del avance tecnológico no está tan clara como podría parecer.
Además, me resulta sugerente la idea de que las patentes no siempre benefician ni siquiera al inventor. En investigación académica, donde el conocimiento se construye de forma incremental y colectiva, la lógica de publicar para avanzar choca con la lógica de patentar para excluir. Desde el punto de vista CTS, esto pone en cuestión si el sistema de patentes realmente encaja bien con la forma en que hoy se hace ciencia e ingeniería, o si responde más a una visión industrial del siglo pasado.
En conjunto, estas lecturas me han hecho ver las patentes no como una herramienta puramente técnica o administrativa, sino como un elemento activo dentro del sistema ciencia-tecnología-sociedad, con efectos reales sobre qué se investiga, cómo se investiga y quién se beneficia de ello. Incluso en campos aparentemente “asépticos” como el mío, conviene no dar por hecho que estos dilemas no existen, sino reconocer que quizá aún no se manifiestan de forma tan evidente.
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